domingo, 29 de abril de 2012

¿Quien mató a Cayayo Troconis?

Publicado en Exilio Interior 03

Desde que comencé el fanzine quería escribir algo sobre la influencia de la banda Sentimiento Muerto (SM) en el punk venezolano. La malahora ha hecho de que este texto coincida con el décimo aniversario de la muerte de Cayayo, guitarrista de la banda y el personaje más carismático del cuarteto, por lo que estas líneas se suman a la decena de textos necrológicos y pseudoalegóricos vertidos por estos días, en el que también se han colado algunos homenajes, igual de patéticos, al legado de la banda. A pesar de esto, aca va lo nuestro, con lo cual pasamos la página y nos dedicamos a otra cosa.


Para quien lea esto fuera de Venezuela, resumiremos fugazmente la historia de esta banda, la cual según la leyenda comienza su andadura en 1983 influenciados por el punk y el postpunk de la época. SM se diferenció rápidamente de la movida metalera local, que por esa época vivía su época de esplendor, al incorporar las influencias que eran posibles para quien para la fecha viajara al exterior y pudiera ver bandas en vivo y comprar discos. Es decir, antagónicamente de lo que pasaba en otras ciudades latinoamericanas, como Buenos Aires o Sao Paulo, el punk en Venezuela germinó desde los jóvenes de clase alta, estrato al que pertenecían los fundadores de SM. Estos aires permiten que, como otros han indicado, sea la primera banda que desarrollara en el país lo que en otros lados era el sustrato de la escena underground, con estética, códigos y literatura propia, mediante cassettes que circulaban de mano en mano, graffittis, volantes y franelas. Para 1986 poseían un público fiel que los seguía, y tiempo después viajan a España a presentarse en una serie de conciertos organizados por Miguel Ríos. Como es costumbre en Venezuela, al gozar del reconocimiento en el exterior logran un contrato con un sello discográfico local, siendo producidos por Fito Páez en su disco debut “El amor no existe, hay que hacerlo” (1987), por lo menos para mí el mejor de su carrera. Siguieron otros dos discos: “Sin sombra no hay luz” (1989), producido por alguien que no sabia nada de rock, como lo es el cantante de telenovelas Guillermo Carrasco y, por último “Infecto de afecto” (1991). En 4 años la banda pasó de tener una actitud de provocación creativa a otra mucho más intimista, en la búsqueda de un sonido que muchos no entendieron de qué iba –incluyéndome-, pero que ellos llamaban “ritmo rico”. En 1992 anunciaron su disolución. Posteriormente, Cayayo organiza dos bandas más, Dermis Tatú y Pan, antes de morir de un paro respiratorio el 17 de noviembre de 1999.


SM es para Venezuela lo que significó Sumo para Argentina, Los Prisioneros para Chile, Caifanes para México y Los Estómagos para Uruguay. Su influencia es reconocida por una constelación de músicos posteriores, incluyendo las bandas punks de los noventas, aunque nunca lo reconocieran públicamente. Pero, a pesar de los ejemplos anteriores, quienes se encargaron de disolver la propia identidad y legado del conjunto fueron, además del público criollo, sus propios músicos. Lo que más se recuerda y más se extraña era la actitud de sus primeros años, de la cual “El amor no existe” es su cénit, no lo que hicieron después, a pesar de que es en este período cuando fueron populares en todo el país. La originalidad de su propuesta, la traducción del sentir de toda una generación –en letras como “Educación anterior” o “Miraflores”-, la irreverencia y los conciertos con decorados y puesta en escena maravillosa corresponden a los años previos a 1987. Después de allí tuvieron que asumir una serie de compromisos, como el “doblar” en programas sabatinos o cumplir con una cantidad de discos establecidos por contrato, como el terrible disco compilatorio “Fin del cuento”, aparecido en 1993. Toda una metáfora de la pérdida de la independencia. Algunos opinarán que en los dos discos posteriores a “El amor” la banda maduró musicalmente y desarrollaba un sonido propio, pero yo mismo los retaría a que cantaran, de memoria, algún tema de “Infecto”. Quizás puedan hacerlo con dos o tres de “Sin sombra”, pero seguro podrían con todas las de su placa debut. No se si pesó mucho la partida del baterista Alberto Cabello, autor de muchas de las líricas de la primera etapa, o la influencia de la Yoko Ono venezolana Helena Ibarra, pero esta energía primigenia apenas pudo asomarse en el siguiente proyecto de Troconis “Dermis Tatú”. El tiro de gracia lo constituyó el intento de carrera solista de su cantante Pablo Dagnino y cada una de sus apariciones como monigote en programas de concurso televisivos.

Con todo lo anterior, los músicos no fueron los únicos responsables del descalabro. Su propia discográfica patea, sin respeto, el cadáver del grupo. En 1996 un Alberto Cabello productor compiló en un doble cd los cassettes piratas del cuarteto, “Aunque usted no lo quiera” para Universal. La edición es pobre en todos los sentidos, y lo único que podría agradecerse es la limpia digitalización de aquellos temas. Y, a pesar de que “El amor” es uno de los discos de rock venezolanos más vendidos en la historia, su edición en Cd es triste y lastimera, con el logotipo de la multinacional en un lugar destacado en su portada, lo cual no figuraba en su edición original en acetato y cassette. No hay que dejar de mencionar a los empresarios locales que han intentado, como aquel que produjo el tributo que terminó en un disco, hacer algo de dinero con los despojos. Las propias bandas que aseguran ser deudoras del grupo tampoco lo han hecho mejor, negándose, por flojera, narcisismo o deseos de fama fácil, levantar el legado de desparpajo e independencia de su época de oro. Por último tenemos que ubicar a nuestro público rock, una comunidad de bajísima autoestima, que con paciencia y testarudez ha construido el no lugar de la música en nuestros patios. Venezuela debe ser el lugar del continente con menos espacios para la presentación de grupos, con la menor cifra de disqueras, propuestas independientes, radios y publicaciones dedicadas al género. Rockeros impertinentes y ególatras que, con el paso de los años, son cajeros de banco y policías. A Cayayo lo mataron todos y todas, especialmente, quienes afirman ser sus herederos.

Si alguno/a se anima a compartir sus comentarios sobre este texto, el e-mail es exiliointeriorganzine@gmail.com


4 comentarios:

Este artículo es una falta de respeto total. La arrogancia, la soberbia y el resentimiento se nota a flor de piel. Pareciera que jamás hubiese escuchado a SM con detenimiento y a Dermis Tatú, hasta es una falta de respeto para la imagen de Cayayo.
Nadie debe hacer juicios sin valor así porque le nació, la desinformación total se ve reflejada aquí, hasta pareciera que quien lo escribió no vivió esto, ni en la época de estas bandas ni después cuando se rescató el legado.

Gracias por tus comentarios. Los fanzines son para eso, para decir lo que se piensa como se piensa. Chau!

Naùfrago, me parece que has dado en el clavo pero con una escopeta y con balas palomeras te dire porqué
Hiciste una breve pero insinuante reseña de Sentimiento Muerto, de la cual considero es una de las mejores bandas venezolanas de la mano de zapato 3 y desorden público. Has tocado sentimientos encontrados pero ciertos, si bien cuando la juventud y su imprudnte impulso pasan sucenden esas cosas, dejas de lado la banda que brinda emociones a su público y desea entonces cuidar mas su musica. Es decir pierdes quiza un poco lo que te llevo al pùblico ser completamente rebelde.

Esa madurez se nota en las letras y el sonido ya definido. Pero claro al tener contrato de seguida vienen los compromisos de hecho tienes razon la reedición del casette es maravilloso en cuanto a sonido pero todo lo demás es muy pobre pero su fin es transmitir esa grabación y se logró.

Que los venezolanos necesitan ser reconocidos afuera, también es cierto nota por ejemplo que Soda Stereo en Argentina es una banda de culto y acá muchos no saben que era Dermis Tatú.

Que nuestra población rockera es mediocre si y mucho todos quieren ir a conciertos gratis en las plazas del centro de Caracas y cuanta bandita sale que no sean sus panas los pitan, yo recuerdo que yo decia "hay que apludir las bandas que peor suenen porqué son los que más agallas tienen al querer subir al escenario.

Que hay Rockeros ridículos, casi todos con conceptos poco aceptables que terminan con el mismo destino que tú ya explicaste, que no tenemos donde tocar ni donde ir ni iniciativa de festivales y conciertos también es verdad.

Me siento orgulloso de tu crítica y tu valentia por decir lo que es cierto de como se mueve el cobre acá en nuestro país, pero te diré como consolación que hace algunos años fuí a un fulano tributo a Dermis Tatú que se llevo a cabo en el extinto local "la cigarra" de Altamira, organizado por una adolescente y sus amigas donde se presentaron bandas de géneros no identificables y que de paso ni siquiera tocaron algún tema de Dermis pero eso es parte de nuestra cultura, hermano así que no tomes en cuenta muchas críticas que te dirán aquí.

Un abrazo---

Estoy totalmente de acuerdo con tu articulo la verdad no dijiste mentira alguna, la muchacha arriba pone que escribiste con arrogancia y soberbia y que le faltas el respeto a cayayo, por favor cayayo era un ser mas que terrenal a veces mala persona con sus fans negaba firmar discos, pisaba a las chamas que se acercaban a la tarima yo conozco a una, y tambien pone que estas desinformado bueno amiga hable con la gente de la calle que si vivió los conciertos,esa gente como todo artista se les subio el ego y crearon distancia con los fans, o sea mas de lo mismo de esta gente sifrina, lo único pana que puedo discutirle a su buen articulo es decir quer Cayayo era el mas carismatico, no, el mas era Pablo imagen del grupo que como dices acertadamente se dejo influenciar por la Yoko Ono venezolana jeje saludos mi pana.

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